Hay algo que muchos empresarios hacen cuando quieren mejorar sus ventas: revisan a sus vendedores.
Tiene sentido.
Analizan cuántos prospectos atienden, cuántas cotizaciones hacen, cuántas ventas cierran.
Pero hay una pregunta que pocas empresas se hacen:
¿Cuántas personas dentro de mi organización tienen contacto con mis clientes?
Porque quizá el vendedor hizo un excelente trabajo…
y después alguien más arruinó la experiencia.
Tu cliente no conoce tu organigrama
Para tu cliente, no existe el área de ventas, administración, cobranza, logística o recepción.
Existe tu empresa.
Si el vendedor lo atiende muy bien, pero después nadie responde sus mensajes, para él no falló “administración”.
Falló tu empresa.
Si compras una campaña para atraer nuevos clientes y después quien responde WhatsApp lo hace de mala gana, la publicidad no tiene la culpa de que no vendas.
Si prometes una entrega excelente y el repartidor trata mal al cliente, el cliente no piensa:
“Qué pena, el problema fue del área de distribución.”
Piensa:
“Así son ellos.”
Y ahí está el problema.
Cada contacto construye una percepción
Un cliente puede tener diez, quince o veinte interacciones diferentes con tu empresa.
Puede ver un anuncio.
Entrar a tu página.
Escribir por WhatsApp.
Hablar con un vendedor.
Recibir una cotización.
Pagar.
Recibir su producto.
Solicitar una factura.
Pedir soporte.
Volver a comprar.
En cada uno de esos momentos hay una oportunidad.
Alguien puede acercarlo.
O alguien puede alejarlo.
Y muchas veces la dirección solamente mide el resultado final:
¿Compró o no compró?
Pero no analiza qué ocurrió en el camino.
El problema es que muchas empresas capacitan por puesto
Capacitan al vendedor para vender.
A recepción para recibir.
A administración para administrar.
A cobranza para cobrar.
A logística para entregar.
Tiene lógica desde el punto de vista operativo.
Pero el cliente no vive tu empresa por departamentos.
La vive como una experiencia completa.
Por eso una persona que nunca ha recibido el título de “vendedor” puede estar influyendo directamente en tus ventas.
Una recepcionista puede hacer que alguien quiera quedarse.
Una persona de cobranza puede hacer que quiera irse.
Un técnico puede convertir a un cliente en promotor de tu empresa.
O puede hacer exactamente lo contrario.
Piensa en tu último cliente perdido
Ahora haz un ejercicio.
Piensa en un cliente que dejó de comprarte.
¿Sabes exactamente por qué se fue?
Tal vez fue el precio.
Tal vez encontró otra opción.
Pero también puede haber ocurrido algo mucho más sencillo:
Alguien lo hizo sentir poco importante.
No le contestaron.
Lo hicieron esperar.
Le hablaron mal.
No cumplieron lo prometido.
Lo hicieron pasar de un departamento a otro.
O simplemente nadie se hizo responsable.
Y lo más peligroso es que probablemente nunca te lo dijo.
Muchos clientes no presentan una queja.
Simplemente dejan de regresar.
Entonces, ¿quién está alejando a tus clientes?
La respuesta puede ser incómoda:
No necesariamente es una persona. Puede ser el sistema.
Quizá nunca le explicaste a tu equipo cómo quieres que se sienta un cliente después de interactuar con la empresa.
Quizá cada área está haciendo correctamente su trabajo, pero nadie está viendo la experiencia completa.
Quizá tus indicadores miden productividad, pero no miden la experiencia.
Y entonces puedes terminar con una empresa llena de personas cumpliendo sus funciones…
pero perdiendo clientes.
Hay una pregunta que deberías hacerle a tu equipo
No les preguntes solamente:
“¿Estás haciendo bien tu trabajo?”
Pregúntales:
“¿Qué experiencia crees que se lleva un cliente después de hablar contigo?”
La respuesta puede revelar cosas que ningún reporte de ventas te va a mostrar.
Y después haz la misma pregunta en cada punto de contacto.
¿Qué siente cuando llama?
¿Qué siente cuando escribe?
¿Qué siente cuando compra?
¿Qué siente cuando tiene un problema?
¿Qué siente cuando paga?
¿Qué siente cuando reclama?
Porque si quieres fidelizar clientes, necesitas entender la experiencia completa, no solamente la venta.
Cada persona que toca a tu cliente también toca tu reputación
Ese es, quizá, el punto más importante.
Tu reputación no se construye únicamente con publicidad.
Se construye en cada interacción.
Y no importa si esa interacción la tuvo el director general, el vendedor, la recepcionista, el repartidor, el técnico o la persona de cobranza.
Para el cliente, todos representan a la empresa.
Por eso, antes de gastar más dinero para conseguir nuevos clientes, quizá valga la pena revisar algo mucho más cercano:
¿Qué está pasando cada vez que alguien de mi empresa toca a un cliente?
Porque puedes invertir muchísimo dinero para atraerlo.
Pero si alguien dentro de tu empresa consigue que no quiera volver…
todo ese esfuerzo se pierde.
Y quizá el problema no sea que necesitas más clientes.
Quizá necesitas cuidar mejor a los que ya estás tocando.
